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Hormona del crecimiento no es una 'fórmula mágica' para combatir el envejecimiento
 

Liu demuestra de manera definitiva que esto no es cierto. Sólo un puñado de estudios ha empleado la hormona del crecimiento en adultos", afirmó S. Jay Olshansky, profesor de salud pública y científico de investigación en el Centro para el envejecimiento de la Universidad de Illinois en Chicago.
Olshansky también acusó a las personas que distribuyen la hormona del crecimiento de actuar de manera irresponsable.
"Si esas clínicas que ponen en marcha programas antienvejecimiento o los llamados centros para la longevidad continúan administrando de manera abierta y descarada la hormona del crecimiento a sus pacientes como una intervención antienvejecimiento, no sólo violan las leyes, sino que ponen en peligro la salud de sus pacientes", señaló. "Este análisis exhaustivo sugiere que ha llegado el momento de que la FDA y la U.S. Drug Enforcement Agency actúen con dureza para acabar con esta actividad ilegal y potencialmente dañina".

En la misma medida que envejecen los hombres y mujeres, se produce una desaceleración progresiva en la liberación de la hormona del crecimiento, apuntó Blackman. Para cuando llegan a finales de los 60 o los 70 años, esa reducción en la producción de hormona del crecimiento es de entre 50 y 75 por ciento menos que cuando estaban en sus veinte años, explicó.
Anotó que las personas mayores con deficiencia de hormona del crecimiento pueden ser tratadas de forma exitosa mediante una terapia de reemplazo de hormona del crecimiento. Sin embargo, tomar la hormona del crecimiento para retrasar el envejecimiento no es una terapia comprobada.

 

 

Los australianos se ubican entre los más longevos del mundo
 

Australia parece ser el "país afortunado" cuando se trata de longevidad, pero su población indígena no tendría tanta suerte.
 

Datos recientemente publicados por la Agencia de Estadísticas de Australia muestran que los habitantes de ese país se encuentran entre las personas más longevas del mundo, con un promedio de vida de 78,5 años para los hombres y 83,3 años para las mujeres nacidas en el principal país de Oceanía.
Pero las estadísticas caen cerca de 17 años para los indígenas australianos, cuya expectativa de vida promedio en el 2001 era de 59,4 años para los varones y 64,8 para las mujeres.
Varios factores, incluidos la pobreza, la discriminación, el abuso de sustancias y el escaso acceso a la salud, afectarían el promedio de vida de estos australianos originarios.
Para el resto de la nación, la capital Canberra es estadísticamente el mejor lugar para tener una vida prolongada.
Las 325 000 personas que viven en esa ciudad disfrutan del promedio de vida más largo, que es de 84 años en las mujeres y 79,9 en los hombres.
Construida en 1908 para resolver la disputa entre Sidney y Melbourne sobre cuál debía ser la capital del país, la moderna Canberra tiene la población más saludable y mejor educada de Australia.
La tasa de desempleo de la capital ronda el 2,8%, mientras que los salarios semanales están muy por encima del promedio de Australia, en 1 208 dólares australianos, respaldados por una pujante industria de las tecnologías de la información y los salarios estatales.
El territorio del Norte representa sólo el 1% de la población de 20 millones de personas que conforman Australia.
Allí, los varones viven en promedio 72,5 años, mientras que las féminas lo hacen 78,2 años. Más de un cuarto de la población son aborígenes australianos, que habitualmente viven en comunidades remotas con escaso acceso al trabajo y a los servicios de salud y educación, y tienen las menores expectativas de vida.
En el caso de los hombres, la expectativa de vida promedio en todo el país sólo es superada por Islandia y Hong Kong, mientras que entre las mujeres el período de vida promedio esperado sólo es mayor en Japón y Hong Kong.