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La depresión en
las últimas etapas de la vida (DEA) se refiere a los síndromes
depresivos que surgen en los adultos de más de 65 años descritos
en el DSMIV y en la International Classification of Diseases (ICD-10,
Clasificación Internacional de Enfermedades).
Por lo general en esta edad, estos síndromes afectan a personas
con enfermedades crónicas, deterioro cognitivo o incapacidad
motora. Aunque se han realizado avances para la descripción y el
tratamiento de este tipo de depresión, todavía presenta
consecuencias perjudiciales. En esta revisión, el autor comenta
el trabajo publicado acerca del diagnóstico, la fisiopatología,
la prevención y la terapéutica de este trastorno mediante una
búsqueda realizada en MEDLINE y Ageline.
Diagnóstico
Para que se pueda realizar el diagnóstico de un estado depresivo
mayor, el DMS-IV y la ICD-10 afirman que debe existir un estado
de ánimo depresivo o una pérdida de interés o de placer. Aunque
no forman parte de los criterios diagnósticos, la depresión en
esta etapa de la vida se suele acompañar de cambios corporales,
como hipercortisolemia, aumento de la grasa abdominal, pérdida
de densidad mineral ósea, incremento en el riesgo de diabetes
tipo 2 e hipertensión. En general, estas personas padecen
dificultades en la concentración, en la velocidad del
procesamiento de las órdenes y en la función ejecutoria.
Estos déficit mejoran, pero no se resuelven por completo luego
de la remisión del cuadro depresivo.
La depresión psicótica se diagnostica en aquellos pacientes con
depresión grave que padecen delirios de persecución, culpa,
hipocondría o alucinaciones. El trastorno distímico es un
síndrome de depresión leve a moderada que dura al menos 2 años.
La depresión menor en personas ancianas se asocia con
incapacidad de tipo funcional y cerca del 25% desarrolla
depresión mayor en los 2 años siguientes.
A veces, la depresión es una fase del trastorno bipolar. El de
tipo I (en el cual el episodio más reciente es depresivo) se
diagnostica en pacientes con depresión mayor con antecedentes de
al menos 1 episodio maníaco o mixto, mientras que el de tipo II
se diagnostica en aquellos que presentan ataques de depresión
mayor y antecedentes de episodios hipomaníacos.
Algunos autores postulan que el estrés, la depresión mayor y las
enfermedades orgánicas se vinculan de forma recíproca, dado que
el estrés promueve adaptación, pero cuando sus mediadores no
pueden inhibirse se deteriora la inmunidad, y se favorece el
desarrollo de aterosclerosis, obesidad, desmineralización y
atrofia neuronal.
En general, los síntomas o los síndromes de la depresión están
presentes en los individuos con demencia.
La prevalencia de depresión mayor es cercana al 17% en aquellos
que padecen enfermedad de Alzheimer y aún mayor en las personas
que presentan demencias subcorticales.
La depresión mayor que se inicia 10 años antes o más del
diagnóstico de demencia y el antecedente de depresión durante la
vida se asocian con un aumento en el riesgo de enfermedad de
Alzheimer.
Algunas patologías y diversas drogas se asocian con la presencia
de un estado de ánimo triste y la pérdida o disminución del
interés en todas o casi todas las actividades del paciente;
entre las enfermedades, cabe mencionar a las infecciones
virales, las endocrinopatías (hipotiroidismo, hipertiroidismo,
enfermedad de Cushing, hiperparatiroidismo), las neoplasias
(linfomas, leucemias, cáncer de páncreas), la enfermedad
cerebrovascular (infartos lacunares, accidente cerebrovascular,
demencia vascular), el infarto de miocardio y los trastornos
metabólicos como la deficiencia de vitamina B12 y la
desnutrición.
El empleo, la intoxicación o la suspensión de algunos fármacos
como metildopa, benzodiazepinas, propranolol, reserpina,
esteroides, drogas antiparkinsonianas, clonidina, hidralazina,
estrógenos, progesterona, tamoxifeno, beta bloqueantes y
dextropropoxifeno pueden relacionarse con la aparición de un
síndrome depresivo.
Epidemiología
Del 1% a 4% de la población de edad avanzada presenta depresión
mayor, lo que equivale a una incidencia de 0.15% por año. La
prevalencia, y también la incidencia, se duplican luego de los
70 a 85 años.
También se incrementa el número de personas con trastorno
bipolar, por el aumento absoluto de la cantidad de personas que
llegan a esta edad. Además, dicha prevalencia en la edad
avanzada resulta más elevada en el ámbito médico que en la
comunidad.
Del 10% a 12% de los pacientes internados presentan depresión
mayor, mientras que la cifra para quienes reciben atención
ambulatoria es de 6% a 9%.
La depresión menor muestra una prevalencia de 4% a 13%. El
trastorno distímico, caracterizado por la presencia de síntomas
depresivos de baja intensidad que duran 2 años o más, afecta
cerca del 2% de las personas ancianas. |